Por fin llegaron: los lenguados, el pez tan codiciado por su carne blanca y sabor delicado. No son nada fácil de pillar, el mar tiene que estar en condiciones y con la marea baja para poder distinguir los hoyos y pozos donde se meten.
El mar estaba bueno en la mañana y con toda la baja, así me gusta a mí. Puse una rapala en la caña, arreglé el freno del carrete, me puse el traje para no mojarme y lo más importante, encontré un pozón lindo, hondo y ya me imaginaba los lenguados atacando la rapala. Al principio no pasó nada, lanzaba y lanzaba, recogiendo lento y rápido, alto y bajo. De repente un ataque y una arrancada fortacha, doblando la caña, pensé que era una corvina pero era un lenguado de un kilo. Bonito, gordo. Lo guardé y seguí lanzando y otra vez una picada, más pesado, otro lenguado pero más grande, cerca de dos kilos. En total saqué 4 en una hora, otros dos más chicos y dejaron de picar: el mar se llenaba y se puso correntoso. Bandadas numerosas de playeros blancos pasaron, 200-300, todos apurados.
Volví a las casa contento, ya planificando la estratégica para mañana...



Pescarlos con señuelo es lo mejor, felicitaciones!