Ayer no había ni viento en la playa. Estaba asoleado, bien agradable, con toda la marea baja. Una baja grande; encontré el pozón bueno, todavía quedó agua y lanzé una rapala que trabaja en la superficie. Me llegó a doler el brazo de lanzar tanto y nada, ni un lenguado chico. Me corrí un poco hacia el sur donde hay un banco y con el relleno ví las colas de las corvinas que llegan a la orilla a comer pulgas de mar o chochos. Los chochos viven en la arena y tienen el tamaño de una uña.La corvina le encanta comer chochos pero tiene que acercarse mucho a la orilla hasta que parte del cuerpo y la cola salga del agua. Cuando el mar retrodece se van y vuelven con el relleno. Son huraña, te ven y arrancan dejando la polvareda de arena. Es impresionante, a veces llegan grupos de 3, 4 hasta 5 corvinas "coleando", grandes y chicas, pero lo que ví ayer me dejó tiritando: al lado mio, a 3 metros una tremenda corvina coleando, la cola afuera del agua, moviéndose lentamente, yo ni quise respirar...10 kilo fácilmente, quizás más. Lentamente se alejaba.
Lanzaba la rapala, concentrándome en la picada que siempre ocurre cuando uno afloja la atención y a veces te pillan mal parado. Para que picara intenté desconcentrarme pero no resulto. Cuesta que piquen, es por casualidad no más. Ví más corvinas haciendo su baile de cola en la orilla, un espectáculo tan hermoso.
Se escuchaba el canto melodioso de los zarapitos. El sol se estaba poniendo. Un tumbo me mojó y me dio frio. Estoy en el ritmo de la naturaleza, un mundo donde toda clase de prisa denota algún desarreglo mental.


Comentarios recientes
hace 2 semanas
hace 2 semanas
hace 2 meses
hace 3 meses
hace 3 meses
hace 3 meses
hace 3 meses
hace 3 meses
hace 3 meses
hace 3 meses